#FoodReview Can Secret Ibiza: comer entre el campo, la calma y la naturaleza

Visitamos en exclusiva Can Secret, el nuevo restaurante del Agroturismo Safragell, antes de su apertura. Una propuesta mediterránea, pausada y muy conectada con el paisaje rural de Ibiza.

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Can Secret Ibiza: comer entre el campo, la calma y la naturaleza

Visitamos en exclusiva Can Secret, el nuevo restaurante del Agroturismo Safragell, antes de su apertura. Una propuesta mediterránea, pausada y muy conectada con el paisaje rural de Ibiza

A Can Secret, el nuevo restaurante del Agroturismo Safragell, se llega casi como se encuentran algunas de las mejores cosas en Ibiza: perdiéndote por caminos interiores, dejando atrás el ruido y entrando poco a poco en una isla más rural, más tranquila y más propia.

El paisaje cambia, la carretera se vuelve más serena y, casi sin darte cuenta, Ibiza empieza a sonar distinto. Menos prisa, menos ruido, más campo.

Está en Sant Llorenç de Balàfia, literalmente rodeado de naturaleza, dentro de una finca centenaria donde el tiempo parece ir a otro ritmo. Y quizá esa sea la primera pista de lo que propone este lugar: no venir solo a comer, sino a hacer una pausa.

Hace unos días tuvimos el privilegio de probar en exclusiva parte de su carta antes de su apertura oficial. Y salimos con una sensación clara: Can Secret tiene nombre de secreto, pero probablemente no lo será durante mucho tiempo.

Campo, silencio y arquitectura ibicenca

Antes de hablar de platos, hay que hablar del lugar que alberga el restaurante.

Can Secret forma parte del Agroturismo Safragell, una finca histórica situada en el corazón rural de Ibiza, entre jardines, vegetación mediterránea, muros de piedra seca y esa calma que cada vez cuesta más encontrar en una isla tan famosa por otros adjetivos.

Aquí el campo no es solo un fondo bonito ni un reclamo de marketing. Está presente. Se respira en el camino de llegada, en la luz, en la manera en la que el restaurante se integra con el entorno y en esa sensación de estar apartado, sin haberte ido tan lejos.

La terraza exterior, la pérgola acristalada, los jardines, las mesas bajo árboles enormes y los espacios interiores dialogan con la arquitectura ibicenca desde una estética sencilla, cálida y muy conectada con el paisaje. Todo invita a sentarse, mirar alrededor y bajar un poco el volumen del día y a nosotros que ya estamos inmersos en la vorágine de una temporada iniciada, eso nos vino de lujo.

El comedor acristalado permite que el campo entre en la mesa. Desde dentro, la vista se abre hacia la naturaleza, con la luz suave del atardecer, lámparas cálidas y mesas vestidas con discreción. Esa mezcla entre interior protegido y paisaje alrededor crea una atmósfera muy especial: estás dentro, pero sigues sintiendo el campo.

Y entonces llega la carta de nuestro menú degustación. En la primera página se lee una frase que funciona casi como una bienvenida: “Hoy descubres Can Secret”. No hace falta mucho más para entender el juego. Estás sentado en un lugar que todavía conserva algo de misterio, con la sensación y el privilegio de haber llegado antes de que empiece a circular de boca en boca.

La propuesta: una cocina mediterránea que se nutre de su propio huerto

La propuesta gastronómica de Can Secret se define como “Cuina amb ànima”, cocina con alma. Después de probarla, entendimos bastante bien por dónde va esa idea.

Es una cocina mediterránea, contemporánea y muy conectada con el entorno, donde las verduras tienen un papel importante y el producto aparece tratado con cuidado. En esta ocasión probamos solo una pincelada de la carta, pero intuimos una línea clara: sabores reconocibles, combinaciones bien pensadas y platos que dejan espacio a cada ingrediente.

Can Secret trabaja con producto de cercanía siempre que es posible, muchas verduras procedentes de su propio huerto y una atención especial al aceite de oliva virgen extra. En su carta lo explican de una forma sencilla: un buen aceite no tapa, revela. Y esa idea se entiende bastante bien durante la comida.

#LoProbamosyTeLoContamos

La cena empezó con un detalle que siempre dice mucho de lo que será la comida: el pan.

Su pan de masa madre fue una de esas primeras señales que te avisan de que aquí se cuidan las cosas desde el principio. Buena textura, buen sabor y una llegada a la mesa acompañada de mantequillas saborizadas, aceites regionales e italiano, y un primer bocado marinero a modo de aperitivo.

A partir de ahí llegaron platos como la zanahoria asada al curry, servida sobre un cremoso de curry, miel y labneh aliñado con AOVE y cilantro. Un comienzo vegetal, aromático y muy agradable, con ese punto especiado que despierta sin saturar.

También probamos una ensalada de encurtidos y vinagreta de jengibre, con quinoa, salmón, aguacate, furikake y chipotle en adobo. Un plato fresco, con contrastes, donde el toque ácido de los encurtidos y el jengibre ayudaba a abrir el apetito.

Del ceviche de corvina a la lasaña de alcachofa

Uno de los pases más refrescantes fue el ceviche de corvina y boniato, con canchita y AOVE. Y aunque nosotros no somos especialmente fans de los ceviches, este nos pareció un plato limpio, con la acidez bien medida y el boniato aportando un punto amable que equilibraba el conjunto.

Pero si hubo un plato que nos sorprendió especialmente fue la lasaña de alcachofa.

Pero si hubo un plato que nos sorprendió especialmente fue la lasaña de alcachofa. Siempre me he declarado bastante carnívora, pero con esta lasaña podría vivir el resto de mi vida comiendo alcachofa sin quejarme demasiado. Ligera, sabrosa y muy de temporada, preparada con tomate confitado en casa, AOVE y un picual de albahaca. Con este plato pedimos otra cesta de pan,  y aunque quizás el protocolo no lo conciba, dejar esa salsa en el plato habría sido una falta de respeto.

La carrillera de ternera al vino tinto fue otro de los grandes momentos del menú. Con reducción de vino tinto, puré de boniato y coco, y tenía ese punto meloso que se espera de una buena carrillera, pero con un acompañamiento que le daba una lectura diferente, algo más suave y aromática.

 

El maridaje: vinos que acompañan el ritmo de la comida

El menú estuvo acompañado por una selección de vinos elegida por su sommelier Diego. 

La zanahoria asada llegó con Sin Palabras Albariño, de Rías Baixas; el ceviche, con un Chablis Chardonnay; la lasaña de alcachofa, con Camino de Navaherreros, vino de Madrid; y la carrillera, con Gazur Tempranillo, Ribera del Duero.

La idea encaja muy bien con el espíritu de Can Secret: comer sin prisas, dejar que el vino acompañe la conversación y permitir que cada pase tenga su propio momento de disfrute y brindis.

Un postre con pera, chocolate, tahini y recuerdo a hierbas ibicencas

El cierre dulce llegó con una ganache de chocolate, tahini y miso, acompañada de mascarpone y pera. Un postre con textura de bombón, con profundidad, cremoso, nada plano, donde el tahini y el miso aportaban ese punto salino que hace que el chocolate no se vuelva pesado.

La pera, trabajada con ese recuerdo anisado, nos llevó directamente a las hierbas ibicencas. No de una forma evidente, sino como una memoria aromática muy ligada a la isla.

El maridaje, un Dulce de Invierno Verdejo Moscatel de Valladolid.

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