Hay lugares que, de tan instagrameables, corren el riesgo de ser subestimados. Zazú Ibiza —con su estética cuidada, ambiente de beach club sofisticado y ese aura de sitio “de moda”— podría parecer uno de ellos. Pero basta sentarse a la mesa para que cambie la percepción. Porque sí, hay música, cócteles servidos en recipientes de fantasía y mesas con vistas privilegiadas. Pero también hay cocina. Cocina de verdad. De la que sorprende, convence y hace volver.

Todo está pensado y cuidado al detalle

Desde que llegas, algo se nota. Su icónica entrada te obliga a parar, a hacer la foto. Y cuando la cruzas, las hostess te esperan amables sin impostación. También conocimos al manager, Nacho, moviéndose por sala y playa con ojo atento y un temple que no todos los lugares consiguen en plena temporada. Y luego están los detalles que marcan la diferencia.

Todo en Zazú está pensado con coherencia. Desde los platos hasta la decoración, pasando por la carta y los cócteles. Especial mención a estos últimos: sus cócteles de autor están inspirados en los personajes de El Rey León, se sirven en vasos temáticos que sacan sonrisas y una necesidad de sacar el movil para inmortalizarlo. Un guiño a Zazú, el simpático pájaro que da nombre al lugar, y un ejemplo de cómo el branding puede convivir (y potenciar) una propuesta gastronómica.


#LoProbamosyTeLoContamos

Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. El pan que se sirve al inicio de una comida es la primera declaración de intenciones. Y aquí llega caliente, con mucho sabor, con textura bien crunchy, bien acompañado de su alioli y aceitunas. Su pan de aceite está tan bueno que ya te hace pensar “aquí se lo toman enserio”.
Empezamos: los entrantes

Pedimos un par de bocados para compartir y el arranque fue potente.
Croquetas de cecina, cremosas y con sabor profundo.


Brioche relleno de rabo de toro y compota de manzana, acompañado de su jugo emulsionado. Meloso, jugoso, bien equilibrado.

Un mix de nigiris, porque si hay sushi, yo quiero probarlos.
Los arroces, su bandera

Para el plato principal nos dejamos aconsejar. Nos hablaron de los arroces y paellas, y ellos como Valencianos de eso saben, y mucho. Nos dejamos recomendar por uno de sus platos estrella y acertamos: una paella de picaña con capa fina, arroz en su punto, sabor redondo y ese socarrat que se integra sin dominar. Un plato que habla de técnica y conocimiento, pero sobre todo de sabor.

Los postres

Terminamos con dos imprescindibles. La tarta de queso de Jose que se posiciona fácilmente entre las mejores que hemos probado en Ibiza: cremosa, con carácter. Y un tiramisú con sorpresa, no contamos más para no hacer spoiler.

Zazú Ibiza es una sorpresa que empieza con el pan y se confirma plato a plato. Es cierto que hay postureo, como en casi todos los lugares bonitos. Aquí se dejan ver desde Lola Índigo hasta algún futbolista internacional o como no, el influencer de moda. Pero lo interesante es que, más allá de las cámaras y el ambiente fotogénico, hay cocina. Cocina con intención, con sabor y con una ejecución que no se conforma con lo justo. Y eso, en plena temporada ibicenca, es motivo suficiente para sentarse, probar… y repetir.

Nos quedó media carta pendiente… y si nos guiamos por lo que vimos pasar —especialmente rumbo al Beach—, no nos equivocamos al querer más. Club sándwiches que se veían bien cargados, burgers en formato XL y sangrías que pedían foto.
Nos fuimos con ganas de seguir explorando… así que sí: volveremos. Palabra

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